![]() BASES PEDAGÓGICAS DEL PROYECTO Casa Domingo es un hogar a través del cual se acompaña a los jóvenes hacia la mejora de su situación a partir de la observación, escucha y acompañamiento en sus objetivos futuros. La base de este acompañamiento es la libertad del propio individuo ofreciendo nuevas alternativas que mejoren su calidad de vida. La participación en la prevención y el desarrollo del proyecto es básica, ya que se toman en cuenta la comprensión de sus ideas, deseos, intereses y necesidades, etc. De esta forma se pretende que valoren la importancia de la colaboración, la solidaridad, la participación y la autonomía como bases para el desarrollo personal y comunitario. Para incentivar la participación se les ofrece la oportunidad de colaborar en el acondicionamiento del centro, con el objetivo de crearles un sentimiento de pertenencia al proyecto. El proyecto potencia el desarrollo de sus capacidades, la interdependencia del grupo, orienta la intervención de los profesionales hacia un acompañamiento no directivo, potenciando aspectos de autoorganización. Se proporcionan los elementos necesarios para que puedan organizarse al máximo posible su espacio vital y relacional. El eje central del planteamiento es la “interdependencia”, para la cual la ayuda mutua y el acompañamiento profesionalizado son imprescindibles. El proceso de implementación de este proyecto no se realiza de forma brusca e inmediata sino que, de acuerdo con lo que significan los procesos de cambio para las personas, se tiene en cuenta un periodo de tiempo para una transformación asumible y motivadora para el colectivo que va a experimentar esta reconversión: pasar de una situación de calle a una nueva situación (vivir en una casa, encontrar un trabajo, entrar en el programa de reducción de daños o eliminación del consumo de tóxicos, mejorar su calidad de vida...). Opción por un modelo de persona libre y activa. Contemplando el aspecto asistencial de la intervención como necesaria e importante, esta debe estar también orientada a la promoción de la persona. Promocionarla potenciando la capacidad de decisión, desde su propia individualidad. Se considera fundamental incorporar como principio la tendencia hacia un modelo basado en la relación de ayuda, que fomente en las personas la participación, convivencia e independencia, pero también la solidaridad, el soporte mutuo y la autorrealización favoreciendo al máximo la autonomía. Adaptación a las necesidades reales y no cubiertas. La intervención se debe hacer desde el acompañamiento adaptado a la situación y a las necesidades de los jóvenes. Se ha de respetar su ritmo, teniendo en cuenta el entorno al que están arraigados y que para ellos es significativo. También se ha de respetar su decisión ya sea la de volver a su situación inicial, como elegir otra alternativa como recurso, el paso a una vivienda propia o las diferentes ofertas que ellos escojan.
Opción por una intervención basada en el respeto la dignidad y la
calidad.
Ofrecer una intervención de la calidad, entendida como oportunidad de mejora continua imprescindible, acompañada de actitudes basadas en la confianza en las personas. Confiar en las personas es imprescindible para poder creer en el espíritu de superación de las mismas y demostrar confianza en ellas. Se atiende a un grupo reducido para ofrecer una mayor calidad y obtener una mayor efectividad. La baja autoestima hace que tengan muy poca tolerancia a la frustración y que desistan rápidamente de sus objetivos, por tanto es importante que puedan proponerse pequeños objetivos y los profesionales crean en ellos. La participación. La participación de las personas atendidas tiene que contribuir a un proceso de (re)construcción social, ya que: incentiva la autonomía; hace significativas las habilidades y las potencialidades; facilita y regula la convivencia en grupo y da valor a las personas como tales. Se potencian las propuestas de participación que sean significativas, planteando propuestas en las que se puedan implicar, tener espacios de decisión y aportar sus potencialidades. Participación en asambleas semanales para la organización de la casa, espacio para poder hablar, discutir y aportar opiniones.
La individualidad y grupalidad de la intervención El acompañamiento socio-educativo se hace efectivo a nivel individual con tutorías y planes con cada joven, y a nivel grupal desde una planificación de programas de dinamización. Las dos son imprescindibles y son representativas de la persona como sujeto con identidad propia y también como miembro del grupo que se define y vive en sociedad. El trabajo interdisciplinario y en equipo La intervención socioeducativa se piensa, elabora y define a nivel individual y grupal (en reunión de equipo) y se lleva a la práctica. El trabajo en equipo como proceso de construcción de la intervención que contempla e integra los diferentes puntos de vista de los profesionales con disciplinas de trabajo complementarias. El trabajo interdisciplinario requiere de ciertas actitudes de trabajo basadas en la eficacia, el diálogo y la corresponsabilidad. Las relaciones grupales y las pautas de convivencia La convivencia diaria de los jóvenes que participan en proyectos colectivos provoca interacciones entre ellos y los profesionales, creando como resultado la construcción de diferentes modelos referenciales. Las pautas de convivencia y la normativa básica, entendidas como un conjunto de preceptos que regulan y dinamizan la vida en grupo y que se hacen presentes desde la perspectiva de participación, son una herramienta esencial para aproximar posiciones y tendencias y dar coherencia en diversos modelos referenciales. Este hecho se refleja en la normativa de régimen interno que tiene que ser elaborada desde una participación democrática de las personas atendidas y de los profesionales. Las normas han de adecuarse a las necesidades del grupo, a los criterios pedagógicos del equipo, a las necesidades, las aportaciones y a las líneas de actuación. La distancia profesional óptima Educar implica estar cerca; entender a las personas desde su globalidad, animar y motivar; realizar críticas constructivas; tomar decisiones, aceptación de cada una de las personas... Todas estas acciones se enmarcan a través de un contexto, el cotidiano y de unas relaciones. El equipo de profesionales debe trabajar desde una distancia óptima, estar cerca y establecer una relación de ayuda, sin que signifique crear identificaciones, actitudes proteccionistas y transferencias respecto a situaciones personales. Se debe huir de actitudes paternalistas como las de interpretar, judiciar o aconsejar a la persona para que haga uso de sus propios recursos emocionales.
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